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Eran las 4.30 p.m., la tarde se aventuraba, fr�a, larga y tediosa, los arboles rug�an como posesos, cuando el viento, en sus ramas, romp�a las leyes de la gravedad.
Joss Wallace, permanec�a quieto, distante, frente a la casa victoriana, de 1895 de China Street., d�as antes hab�a recibido un mensaje, en su viejo contestador Panasonic, oxidado por la falta de uso, que al principio olvid� y que luego, ante la falta de prometedores casos, volvi� a escuchar, atisbando un brillo en sus ojos pr�logo de algo peligroso.

..."mi marido ha desaparecido, por favor venga el viernes 5 a las 4.30 a mi casa China Street, en el n� 1995, mi nombre es Janet Hurley, se lo suplico, no falte........"

Era el primer trabajo en tres meses, su afici�n a la bebida, le hab�a ocasionado graves problemas, huida de sus socios, divorcio, un sin fin de facturas sin pagar y sobre todo un juicio por asesinato, pendiente de sentencia.

Sac� de su gab�n una cajetilla de cigarrillos, con un solo movimiento llev� a la comisura de sus labios un pitillo y al mismo tiempo, el olor y el sonido inconfundible de su Zippo, hicieron el resto. La calada fue profunda y silenciosa cuando de pronto, la gran puerta de madera de roble macizo, tron� al abrirse dejando al descubierto un vest�bulo oscuro y t�trico.

...Por favor s�game, dijo el mayordomo, enseguida le recibir�n �quiere tomar algo?
..-Un Jacks, solo y abundante, espet� secamente Joss.

Mientras le serv�an la bebida, su mirada, recorr�a, cent�metro a cent�metro, cada uno de los rincones y recovecos de aquel majestuoso, aunque fatuo sal�n. Se quit� el sombrero y el gab�n y lo tiro en un sill�n.

Hac�a ya mucho tiempo, era la envidia de los compa�eros de la Polic�a, sus pesquisas y sus casos, eran objeto de culto entre los novatos. En aquel momento la vida le sonre�a, pose�a todo aquello que alguien pueda so�ar, una esposa enamorada, un hijo que le adoraba y un trabajo para el cual hab�a nacido, sin olvidarse por supuesto, de su flamante Lincoll del 43, orgullo de toda la ciudad.
Las im�genes de lo cotidiano, comenzaron a pasar por su mente sin orden ni concierto, cuando....

...Su Jack Daniels, se�or, espero que sea de su gusto....Joss, no dijo nada, simplemente, bebi� aquel elixir con pl�cida ansiedad, dobl� la pierna, se inclin� hacia delante y le dijo al mayordomo :
...ser� mejor que deje aqu� la botella.

Noto que alguien bajaba por la gran escalera de caracol, que divid�a la casa en dos estancias. A medida que se aproximaba a la luz de la l�mpara de gotas de cristal ahumado, las formas, casi difuminadas por la penumbra, se hac�an claras y reales; la cara de Joss palideci�, su mueca habitual de hombre duro y sin principios se desvaneci� y sus pupilas, algo dilatadas por los efectos et�licos, comenzaron a agudizarse, hasta que con sorpresa, un escalofr�o helado, le recorri� cada cent�metro de su corpulento cuerpo.

...Buenas noches, Sr. Wallace, dijo la figura, aun borrosa, de unos labios de mujer. Siento haberle hecho esperar, por favor, no se levante. Ned, dijo al mayordomo, tr�igame un vaso, para acompa�ar al se�or.
Los ojos de Joss, se mov�an en todas las direcciones, intentando captar, la aureola de misterio, dulzura, frialdad y sensualidad, que aquella figura le causaba.

�Vd. me dir�, Stra. Hurley ?� en que puedo ayudarla?
Necesito de sus servicios, estoy desesperada, dijo ella mientras manchaba el borde del vaso con un intenso color rojo de carm�n. Mi marido desapareci� el martes pasado, y...,se produjo un silencio,...me temo lo peor.
Necesitar� m�s detalles, dijo Joss, �conoce mis honorarios ?
El dinero no me importa, le pagar� por adelantado. En ese mismo instante, la mano de la mujer, firm� un cheque y se lo di� al detective...
Ponga usted la cantidad, pero consiga que mi marido aparezca. Es todo lo que le pido.
Por la mente de Joss pasaron una multitud de ideas y preguntas...�C�mo pod�a una mujer como aquella haber confiado en su persona en aquel momento de su vida?.
Tiempo atr�s no le hubiera extra�ado, es m�s, incluso hubiera tenido que pasar el caso a alg�n compa�ero del cuerpo por falta de tiempo para atenderlo.
Mientras estaba enfrascado en sus pensamientos al mismo tiempo que intentaba adivinar como ser�a esa mujer sin tanto maquillaje ni pompa, ella empez� su relato:

Me han hablado muy bien de Vd. Creo que es la �nica persona de esta ciudad que puede ayudarme, por su experiencia y porque su cuenta corriente no est� todo lo boyante que debiera.
El dinero nunca me ha preocupado, dijo Joss, siempre he tenido todo lo necesario. Lo que realmente me importa es disponer de todos los datos que necesito para llevar a cabo mi investigaci�n, eso es lo que realmente es importante para m�. As� que, por favor, dej�monos de m�s pre�mbulos y d�game lo que sucedi�.
Joss empezaba a estar excitado con la idea de un nuevo caso.
Como Vd. debe saber James Hurley mi marido, es el director de la principal empresa papelera de esta ciudad, que era propiedad de mi padre hasta su fallecimiento. Mi padre me dej� en su testamento el 51% de las acciones de la compa��a, el resto est� repartido entre varias figuras notables de esta ciudad.
Al contraer matrimonio con James, pens� que ser�a mejor dejarle al cargo de la compa��a, as� yo me podr�a ocupar y seguir con las obras ben�ficas que tanto le gustaban a mi padre.
James llevaba unos d�as nervioso y trabajando en su oficina hasta altas horas de la madrugada; justo el martes pasado deb�a asistir a una importante reuni�n que pod�a cambiar todo nuestro futuro seg�n �l mismo me coment�. Esa noche ya no volvi� a casa. Llam� en varias ocasiones a su oficina pero no consegu� localizarle. Llam� tambi�n al club de golf sin resultado. Tampoco hab�a asistido a su cita habitual de los martes en el C�rculo Ecuestre donde se reun�a con algunos amigos para jugar al bridge.

Joss segu�a observando a aquella curiosa mujer. Parec�a fr�gil y fuerte al mismo tiempo. Mientras hablaba sus manos permanec�an quietas sobre su regazo. No gesticulaba. Su aspecto f�sico era impecable. Maquillaje y manicura cuidada. Traje sobrio, probablemente europeo. A pesar de que sus ojos delataban tristeza, Joss no pudo adivinar el m�s m�nimo signo de nerviosismo en sus palabras o hechos.
As� mismo, segu�a observando su alrededor....fatuo sal�n, fatuo mayordomo, muebles recargados, paredes repletas de cuadros de dudoso gusto, estatuas en todas las esquinas sobre pilares y todo impecablemente l�mpio y ordenado.
Joss acariciaba con disimulo el cheque que ya hab�a guardado en el bolsillo derecho de su ajado pantal�n....
...�Sabe Sra.Hurdley, si su marido guardaba alg�n maletin, agenda, o documentos en alguna habitaci�n de esta casa?, espet� Joss poni�ndose de pie y llevandose un nuevo cigarrillo a la comisura de sus labios...
...Tiene un despacho arriba, pero no creo que encuentre nada, ya lo registr� la Polic�a, ayer, dijo la Sr. Hurley, ofreciendo fuego a Joss..
La distancia que los separaba en aquel momento, inquiet� a Joss. El embriagador perfume que la sensual figura desprend�a, acariciaba recuerdos de anta�o. La inquietante mirada de su cliente, fr�a, lenta y sin rubor, mareaba a nuestro personaje que, con un movimiento brusco, apart� la mano de la se�ora y se dispuso, el solo, a subir por aquellas escaleras de caracol.

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En otro lugar, en la misma ciudad, en una habitaci�n de lujo, tres figuras, jugaban al pocker en medio de una densa atm�sfera de humo, copas y escarceos t�picos de una noche alocada.
....Juegas, o tendremos que esperar que tu inspiraci�n nos mate de aburrimiento, grito Frank Boutles.
Frank, era un afamado director de obras de teatro, egoc�ntrico y divo. Su r�pida ascensi�n promovida en parte por sus amigos Italoamericanos, le hab�a consagrado como un director de talento, aclamado por multitudes y reconocido por los efectos del miedo y el respeto.
Subo a 3.000, esto va en serio amigos, dej�monos de ni�er�as, dijo Etherias arrojando los billetes arrugados no con cierto nerviosismo, actitud que inmediatamente capt� Bill, quien desliz� su pesada y peluda mano a sus billetes y deposit� el resto, aceptando el reto que Etherias le hab�a lanzado.
Espero que tu mujer sepa que te est�s jugando la comida de tus hijos a una sola mano, ri� Bill mientras las gotas de sudor comenzaban a recorrer la p�lida tez de Etherias....
Bill, era el protegido del Sr. Noice, due�o y se�or de los bajos fondos de Chicago. Le recogi� en una revuelta, hac�a ya mas de 20 a�os y las palabras y acciones del Sr. Noice, hicieron de Bill lo que hoy era, una figura temida y respetada, por ser el protegido de la "Sombra", como llamaban s�lo sus amigos al Sr. Noice y, por otro lado, un hombre astuto y �nico poseedor de los secretos de la familia.
Cuando el ambiente de la partida se masticaba y la sensaci�n de ahogo de Etherias se estaba volviendo visible a los ojos de todos, un sobresalto asol� las miradas que, absortas, contemplaban el desenlace....
...el tel�fono son�, y una mano r�pida, descolg�....
Si,... si,... entendido,..... no se preocupe, se�or,.... a las 22.00, OK...
Bill, el jefe te espera en Gionno�s a las 22.00, horas, es urgente.
Bill miro su reloj, las 21'35. Entonces, Ethe..,� d�s de comer a tus ni�os o te va a castigar tu mujercita ?, tu decides, La Sombra, no espera.
Etherias solt� sus cartas, tr�o de damas, la sonrisa de Ethe.., fue aplastante cuando Bill arroj� sus cuatro de las cinco cartas, ense�ando dobles parejas de damas y treses.
Mala suerte, Ethe..., tus hijos pasar�n hambre, y arrojando la quinta carta, esta se pos� en el centro de la mesa, mostrando una enorme dama....Eso es todo, amigos.
La sonrisa de Bill recorri� cada poro de las caras de todos y cada uno de los curiosos que se agolpaban alrededor de la mesa, y la sensaci�n de alivio reconfort� a Mel, guardaespaldas de Bill. Este conoc�a perfectamente, que a su jefe, no le gustaba perder.
Fue un placer, amigos. Me gustar�a darles otra oportunidad, pero las circunstancias me lo impiden, nos vemos en el sitio de reuni�n pasada la media noche, y todos...sin excepci�n, a�adi� Bill sin posibilidad de comentario. Cogiendo su sombrero, se lo cal� hasta los ojos y se march�.
El asunto deb�a ser grave, pues La Sombra no se dedica a los negocios los viernes por la noche, pens� Bill.
Mientras las luces de ne�n confinaban la atm�sfera de la ciudad, los impolutos ojos de Bill dibujaron las trazas de una mujer, atravesada por la belleza, a la cual amaba y respetaba por encima de todas las cosas, lo �nico real y sano de toda su vida, su peligrosa vida, y cerraba los ojos y so�aba en su uni�n, los dedos de Bill rompieron los jadeos de Mar�a, los besos murieron ante la falta de aire y sus ojos se entremezclaron, y se buscaron y se convirtieron en lagrimas, pensando que las gotas del destino se estaban secando y que los lamentos de porvenir eran cada vez mas tenues, su uni�n era imposible por que los dos depend�an de una misma persona, el ser mas despreciable, astuto y sin escrupulos de esa ciudad, la Sombra....

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Janet estaba asombrada. Si la primera impresi�n es la que cuenta,este tipo deb�a de ser todo un est�pido. La capacidad intuitiva del detective se hallaba por debajo de los umbrales de lo considerado admisible para un hombre.
Lo contempl� mientras sub�a por las escaleras no muy seguro de donde pisaba.No pudo reprimir una sonrisa cuando vi� que aquel desecho de virtudes tropezaba en el �ltimo escal�n derramando el licor por su traje.
Janet se hizo la distra�da tratando de aparentar no haberse percatado del incidente. Bien, le conven�a a sus planes.
El que un d�a fuera un afamado detective no era m�s que un espejismo delante de esa sombra alcoholizada sin un m�nimo de inteligencia. Por el momento, las actividades de su marido estar�an a salvo y su vida tambi�n.
La polic�a estaba pr�cticamente perdida en pesquisas que a ning�n lado llevar�an; El detective, simple cosm�tica para hacer creer a los enemigos de su marido que no sab�a lo que pasaba.
El ruido de cristal al romperse la decidi� a subir en busca del detective.

PODRIA SEGUIR ASI.. (�ste que aparece ahora, es OBVIAMENTE el marido desaparecido).

Si bien estaba acostumbrado a largos cruceros por las costas de moda, no llegar�a nunca a dominar las n�useas que le produc�a el vaiv�n de aquel viejo mercante. Serian casi dos meses de traves�a. Dos meses sin apenas contacto con su mujer ni con sus enemigos. Las noticias le llegaban filtradas y escasas. Deber�a de representar bien su papel de marido sin ataduras. La agenda estaba a buen recaudo, solo el hundimiento del barco podr�a evitar que llegase sana y salva a su destino.

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